A un año de los XV más famosos de México; La Joya un pueblo “Sin progreso, ni avances para Charcas y Villa de Guadalupe”

Fue hace tan solo un año que gente de todo el mundo oyó hablar por primera vez de La Joya. Villa de Guadalupe era para entonces un lugar pequeño, absolutamente desconocido que, para variar, no tenía a su paso ni un solo restaurante ni mucho menos un hotel para albergar turistas.

Así lo recuerda José Arellano: “Para mí es emocionante venir aquí luego de un año, es algo que podré contarle siempre a mi familia, yo estuve ahí, el día de la fiesta de Rubí, fue una locura” . Acompañado de sus dos hijas, uno de los asistentes del evento, recorre el lugar que se hiciera famoso por albergar más de 10 mil almas que bailaron y convidaron carne con chile para celebrar la vida de una quinceañera cuya máxima aspiración era bailar bien el vals.

En 2016 por estas fechas, los dos únicos locatarios del pueblo, ya se habían surtido para un evento que pintaba para ser histórico: habían ordenado cervezas de sobra, platos desechables, cigarros y algunas frituras y bebidas que si no hubieran sido vendidas, habrían sido la ruina de cualquier comerciante.

La Joya ahora pinta distinta, completamente solitaria. En su entrada ya no hay aquella camioneta del Gobierno de Estado que regalaba un mapa para que el visitante paseara por la zona; ya no hay docenas de camionetas en el camino esperando llegar a la fiesta, ni ese infernal tráfico antes de llegar a la comida que ofrecía la familia Ibarra.

Antes de mediodía, Estefana, abuela de Rubí y madre de don Crescencio, recolecta la leña que servirá para calentar la casa por la noche, ella aún no está segura si la fama de la joven sea una bendición, pero espera que “con el tiempo sepan valorar lo que Dios les ha dado.”

En 2017, un año después de la celebración, sólo queda el recuerdo, la hierba crecida y un letrero urbano que fue protagonista viral de una fiesta que se mantiene en el recuerdo de todos, ahora más vecinos tienen luz y unos pocos afortunados cuentan con sistema de televisión por cable. Algunos otros siguen sin teléfono local y son las líneas móviles comerciales un verdadero dolor de cabeza, ya que un kilómetro antes de llegar a La Joya, las señales son completamente inexistentes y la comunicación de algunos turistas perdidos se ve disipada sin internet ni datos para navegar.

Pedro Ibarra, tío de Rubí y uno de los organizadores de la fiesta, asegura que están contentos por salir adelante, pero es la muerte de Félix Peña, que fue arrollado por un caballo mientras se efectuaba la ‘carrera de la chiva’, lo que manchará por siempre el festejo: “ Fue un accidente y era a lo que le teníamos miedo, a que todo se saliera de control”.

La casa de Rubí luce cambiada, la reja ha sido pintada y una estructura de cemento protege los arboles de la entrada, pusieron piso nuevo y una puerta de madera y cristal que en la zona parece un exquisito lujo. La joven no se queda atrás, la tímida adolescente que batallaba hace un año en opinar respecto a su cumpleaños hoy casi ni toma aire, ahora habla, explica, no hace pausas, es otra chica que al paso de su inesperada fama poco a poco se transforma en mujer sin darle tiempo a su familia de comprender sus cambios.

La Joya en Villa de Guadalupe sigue intacta y aquella festividad ya es parte de la historia del pueblo, a un año siguen hablando de ella, las pequeñas niñas de la zona sueñan con ser como ella y la gente hace leyendas que van acompañadas de personajes famosos e imponentes televisoras que solo regresarán por el inexplicable morbo del recuerdo.

Vía Univisión