El rumor de enero del PRI en campaña: cambiar al candidato

Los más sesudos “analistas” políticos de México se han dado vuelo, desde la última semana del pasado diciembre hasta el final de la primera del presente 2018, especulando sobre la “incierta” marcha de la campaña del candidato presidencial priista José Antonio Meade Kuribreña.

*Que no prende dicen algunos.

*Que lo van a cambiar por Aurelio, aseguran otros.

*Que tratan de sobredimensionar la presencia de su esposa Juana Cuevas en la campaña, comentan con sevicia sesudos analistas.

*Que se le enciman las propuestas de sus estrategas como la eruvielista Alejandra Sota con las de otros genios de ese inescrutable asunto de ganar elecciones, terminan por decir los más.

Esa historia no es nueva en las campañas presidenciales del PRI.

El caso más reciente de una campaña contra la campaña fue el de Luis Donaldo Colosio.

Del sonorense dijeron lo mismo que ahora conjeturan sobre José Antonio Meade.

Que Colosio no conectaba con la gente; que Salinas, con Manuel Camacho encima, estaba arrepentido de haberlo nominado candidato; que tenía desplazado a Ernesto Zedillo por un grupúsculo que, ciertamente muy cercano al político de Magdalena, que los empresarios no le tenían confianza.

De Luis Echeverría dijeron lo mismo a mediados de su campaña. Y llegaron a los extremos, ya como presidente, del rumor esparcido desde Chipinque decían los enterados, del golpe de estado que nunca llegó.

Los candidatos presidenciales del PRI José López Portillo, Miguel de la Madrid y el propio Carlos Salinas de Gortari, fueron acusados de no ser los mejores priistas en su momento.

Excesivamente demagogos como JLP o de no conectar con la gente como fue el caso del colimense De la Madrid o de plano de ser una imposición como Salinas de Gortari, a quien su forzada candidatura dio origen al Frente Democrático Nacional, que encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas que para muchos fue el ganador de esas elecciones si no es que Manuel Barttlet opera la tristemente célebre “caída del sistema”.

Francisco Labastida fue víctima de genios de las campañas políticas como Esteban Moctezuma y Marcos Bucio.

Ninguno de ellos había vivido una experiencia de las dimensiones de una campaña presidencial y se empeñaron en montar a Labastida en roadshow que no decía nada a quienes lo presenciaban.

A Roberto Madrazo nadie lo quiso cambiar porque una vez que mandó al exilio político a todos los integrantes del TUCOM (Arturo Montiel, Núñez Soto, Yarrington, Enrique Jackson, Enrique Martínez y Nati González) los priistas lo dejaron solo y Felipe Calderón lo mandó a un vergonzante tercer lugar en una elección que en realidad ganó Andrés Manuel López Obrador.

Regresemos a la realidad.

Las presentes precampañas son completamente adversas a las expectativas del gobierno peñista de salir, cuando menos, sin sufrir una persecución feroz de quien resulte ser su sucesor.

Tal vez por ello no se decidió por nadie que se pareciera a los integrantes muy cercanos de su equipo, o por un priista de la vieja guardia.

Escogió a un ciudadano honesto.

Corrupción, violencia, impunidad, pobreza, economía incierta, son medallas con las que tiene que cargar en estas semanas iniciales de su precampaña José Antonio Meade Kuribreña.

Son cargas que se irá quitando en cuanto se afirme como candidato.

Meade ni es corrupto, ni tiene nada que ver con la violencia y el mal desempeño de quienes han encabezado la política social del peñismo, a excepción de él mismo por supuesto.

En la economía el precandidato del PRI a la presidencia ha tenido que bailar con la más fea en dos ocasiones: ser secretario de hacienda con Felipe Calderón y con Enrique Peña Nieto.

Tengo informes de buena fuente que en una reunión en Los Pinos en diciembre de 2016 planteó alternativas diferentes de recaudación al gasolinazo.

Pero habrá que ir a buscar respuestas a tres interrogantes claves que genera el rumor de que alguien quiere cambiar al candidato:

1.- ¿Quién dentro del equipo de Enrique Peña Nieto, además de Meade, puede decir con la frente en alto que no le pueden señalar que haya cometido un solo acto de corrupción como funcionario público en su ya larga carrera?

Respuesta. Creo que ninguno.

2- ¿Aurelio Nuño tiene una personalidad que se acerca más al deseo de cambio que tiene la gente, como la que ha mostrado con genuina sencillez y que viene caracterizando el incipiente trabajo de campaña de José Antonio Meade?

Respuesta: Aurelio tiene muchas virtudes, pero no tiene la sangre liviana que tiene la pareja Meade-Cuevas.

3.- ¿Los priistas “duros” que, tratando de hacerlo soterradamente de manera inútil ya que todo mundo los identifica, hacen la guerra a la personalidad de José Antonio Meade Kuribreña por el hecho de no ser priista del corte tradicional le ganarían las elecciones a López Obrador?

Respuesta: Definitivamente no. Ante una sociedad harta de corrupciones, ineficiencias e impunidades nada tienen que hacer frente al tabasqueño perfiles como el de Ulises Ruíz, César Augusto Santiago o similares.

El PRI, o sea Peña Nieto, escogieron bien a un candidato que pueda representar una opción de cambio por tener limpio un historial de servidor público.

La consiga popular sería: No lo queremos simpático, lo queremos honrado y cumplidor.

Poco tendremos que vivir para ver cómo le puede cambiar este panorama de rumores a José Antonio Meade Kuribreña.