Oficio de Beltrones, inexperiencia de EPN y arrogancia del equipo de Meade

Babilonia
Cuenta una vieja leyenda babilónica la historia de un hombre de gran poder. Combatió igual a héroes que a villanos; enfrentó luchas imposibles con destino victorioso aun cuando parecía dar el último aliento. Su historia es contada en la Epopeya de Gilgamesh, pero guarda un paralelismo a la modernidad que no es exagerado si se juzga con conocimiento de trayectoria.

Esa trayectoria es la de Manlio Fabio Beltrones
Gran error pensar en que Beltrones podría traicionar al tricolor, ni irse con Morena ni jugarle deslealmente a Andrés Manuel.

Manlio es priista y lo seguirá siendo, pero no se doblegará ante los que mandan en el PRI. Ni se prestará a ponerle trampas a López Obrador ni a nadie.

Beltrones pelea de frente y derecho
Él ha enfrentado más batallas que cualquier otro político. Ha pagado el costo de su lealtad a Luis Donaldo Colosio, cuando fue atacado vilmente por el presidente Ernesto Zedillo, que usó como golpeador sucio a su secretario particular, Liébano Sáenz. Y ahora sufre agravios que no merece por no haber cedido ante la inexperiencia y falta de oficio de Enrique Peña Nieto y, también, por no haber sucumbido ante la arrogancia de los principales colaboradores de EPN que tiene al PRI al borde de la catástrofe.

En aquella leyenda, los ciudadanos de Uruk, cuál militantes priístas en los tiempos de las victorias aplastadoras, viéndose oprimidos por el fortísimo poder Beltronista que había acompañado todas las victorias previas, se ubicaron en el fracaso “post-Zedillista” que abrió paso a una fuerza distinta.

El ánimo era un poco podrido casi como lo es hoy
Los priístas pidieron a “los dioses” —o a la cúpula partidista— una alternativa fresca y se dejaron seducir por un tal “Enkidu” , el paralelo a Enrique que tuvo como arma el carisma y juventud. En la leyenda, la lucha fue cerrada pero Gil-Beltrones resistió. Sin ceder, apoyó: desde la Cámara de Diputados consolidó las reformas más importantes; la influencia de Manlio fue lo que garantizó el legado reformista del actual presidente. Nunca traicionó. Nunca fue Caballo de Troya de nadie. Nunca se rindió.

Esa fue la lucha de su vida, en su plan estaba buscar la Presidencia y con grandeza política, apoyó los proyectos de sus rivales en el PRI.

El ingrato no fue Manlio, ni él fue el que dejó de cumplir acuerdos. Beltrones es de palabra.

Los traidores, los desleales, los que no tienen palabra son otros: los que hoy copan a Meade y no le permiten avanzar en un PRI que naufraga.

En la leyenda, la lucha se alarga y no se mira un vencedor claro. Finalmente, Enkidu-Nieto reconoce a Gil-Beltrones como rey y los dos combatientes construyen una amistad. Juntos emprenden un largo viaje —que será la contienda electoral— en busca de batallas, en el que se enfrentan a animales-contendientes altamente peligrosos, como Andrés Manuel.

El político y la columna poco respetuosa
Manlio Fabio Beltrones es el político más experimentado y profesional. Su trayectoria tiene una huella de seriedad y lealtad al tricolor. Aunque hoy parezca perseguido, de peores ha salido. Sin traicionar ni tocar puertas que no le pertenecen.

De ahí que resulte tan inexacto y mal calculado el análisis que publica Verónica Malo Guzmán en SDP Noticias con el título de “El Peje contra otro caballito de Troya; o, ¿qué, se tratará del famoso percherón de Sonora?”. El texto sugiere la vulgar alternativa de que Beltrones buscaría un espacio en Morena. El análisis omite la lectura de la personalidad de Manlio Fabio, que lucha sin esconderse, directo siempre; omite entender su trayectoria, invariablemente cercana a su partido y deja de medir su talla moral, que jamás le permitiría a si mismo una propuesta como la planteada.

En lo único que puede acertar aquel texto es en que Manlio Fabio sigue siendo el “mandamás”, y precisamente por ello es tan poco seria como irrespetuosa la referida columna, que se ilustra con una imagen burda que no corresponde a la altura de un medio como SDP Noticias. Tal imagen no es atinada ni simpática: es simplemente vulgar.